10 cosas que aprendí siendo universitaria.



Para mí entrar a la universidad significó un cambio drástico. ¡Puff! Se desvaneció la burbuja de protección y la sombrilla de gracia que tenía en el colegio. Ya era hora de salir y caer en la realidad de ser un adulto.

Hoy quiero compartir con ustedes, diez cosas que el Señor me ha enseñado en este proceso, lo que he aprendido y de cómo he visto su mano obrar en todo este tiempo. Estoy segura que pasará lo mismo contigo.  En este tiempo aprendí: 

1. ¡Que todo tiene su hora! Las cosas suceden en el tiempo del Señor, es una lección que cuesta bastante aprender. Este tiempo para todo (que Salomón describe mejor que yo) obedece un orden establecido por Dios. Por más que intentes e intentes las cosas van a pasar en el tiempo del Señor, mientras ese tiempo llegue, espera con contentamiento en el Señor. 

2. Tienes que dar testimonio. Llegó la hora de alumbrar en todos los sentidos y en todo momento. Si en el colegio no sentías la necesidad, ahora es apremiante. Llegó la hora de vivir por quien se adentró a lo desconocido por ti. Serán muchas veces las que dirás ¡No! y tendrás que defender la fe y defender el diseño de Dios día tras día en tu campus. 

3. NO todos piensan igual. Conocerás personas con vivencias que han provocado grandes cicatrices, con ideas arraigadas en lo profundo de su corazón y viviendo en un mundo caído y todos con tu misma edad. Recuerda que estas aquí para ver a Dios en lo que aprendes, eso te llevará a dar gracias y a ver con compasión a aquellos que no lo conocen. 

4. Hay muchas personas que no conocen de Dios. El 90% de tus compañeros tiene una imagen super distorsionada de Dios, al extremo. Predica con tus acciones y tu palabra al Dios de la Biblia. 

5. Siempre es más fácil hacer lo incorrecto. Ya tienes un mundo que te inclina a pecar, pero ahora tienes la libertad para hacerlo, todo esto acompañado de un ambiente en el que decir no parece ser una odisea. Acude al Señor en oración. 

6. Probablemente no destaques. Déjame reventar este globo de egocentrismo en tí. Si eras super brillante en el colegio, resulta que en la universidad estarás rodeado de otros que también lo son. Los colegios crean en nosotros monstruos perfeccionistas, pero no, la realidad es que probablemente eres parte del promedio. Y no tienes que sentirte mal y deprimirte. En una carrera universitaria te darás cuenta que la disciplina aventaja a la inteligencia, lo verás con el paso de los años. Crea disciplina y recuerda que la sabiduría proviene del Señor.

7. El esfuerzo siempre trae su recompensa. Cuando sacrificas tus deseos más profundos como salir con tus amigos el sábado porque el lunes entrante tienes un examen, o trabajas por ti mismo en llenar la práctica de 50 ejercicios, o lees el capítulo a pesar del sueño que tenías y al final sacas buena calificación en el examen, respondes las preguntas, la recompensa de que aprendiste parece nula ante todos esos sacrificios, porque el Señor te respalda.

                                   

8. Mi valor está en el Señor.
Pero hay veces que no nadarás en un mar de A´s aunque hayas puesto esfuerzo en ello. Estamos llamados a dar gloria a Dios con nuestras calificaciones, pero ellas no nos definen. No te desanimes si tu índice no es de 4.0: ¡Esfuérzate! pero descansa en el Señor.

9. El tiempo del Señor no se negocia. No procrastines para que luego tu solución sea dejar de ir a la iglesia o dejar de hacer tu devocional. Organiza tu tiempo y disciplínate para cumplir con tus deberes. Te prometo que el Señor honrará tu decisión de no negociar tu tiempo en su presencia.

10. Necesitas un equipo de apoyo. Tus padres son esas personas, sé honestos con ellos, no porque ellos paguen tu universidad, sino porque te conocen. Busca a alguien cristiano, maduro en la Fe que haya estudiado lo mismo, que estás estudiando o que trabaje en eso. Será un alivio conocer esa experiencia y serán un apoyo cuando se complique. Busca otros cristianos en tu universidad, harán mas ligera la carga, serán otras lumbreras en el campus y son una manera de recordar que tu estancia allí es pasajera pero el trabajo para el Señor es eterno.

Bienvenido(a) a esta nueva etapa, lamento decirte esto, pero eres un adulto y ya te toca responder por ti. Si no estabas preparado, es tiempo de asumir esta realidad y recordar que el Señor está contigo. Aprende a verlo en cada detalle.

Finalmente, me despido con las palabras de Pablo: 



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