#DiarioSobrelaRoca : Overflow por Martha Torrado



¡El viaje a República Dominicana ha llegado a su fin! 
Debo decir que llegar bastante más temprano al aeropuerto resultó ser bueno, pues tengo tiempo de escribir estas líneas, mientras observo a la misma familia que noté de camino aquí una semana antes en el aeropuerto de Bogotá, mientras abordábamos nuestro vuelo a RD (Parece que compramos los mismos pasajes de promoción) Estoy realmente agradecida con Dios por haberme permitido este tiempo, esto fue sin duda un regalo de su parte ¡Tiene el sello Jesús por todos lados! Inicialmente pensé en escribir algo relacionado con la gran responsabilidad que conlleva ser extranjero, cuando eres de otro país te conviertes automáticamente en un embajador tácito, pero estoy segura de que escribiré sobre eso en otra ocasión y ahora sólo quiero contarles acerca de mi experiencia en RD y lo mucho que aprendí.

El viaje comenzó bien, llegando como siempre una hora antes de la hora sugerida por la aerolínea, de mi papá heredé la paranoia a perder un viaje, tomé mi asiento y vi a un alegre grupo de mujeres con gorras que decían “Modo Playa” evidentemente ellas iban de vacaciones, como a mi lado quedó una de aquellas chicas, separada de su grupo, me ofrecí a cambiar de lugar, al fin y al cabo no me costaba nada dejarlas volar juntas haciéndose compañía y tomándose selfies… Resulté sentada al lado de un hombre con sus dos hijas, una de ellas bebé, mientras ella lloraba pensé: “Esto me pasa por querer ser una buena samaritana”, sin embargo fue útil como demostración gráfica de una verdad que Dios ha venido enseñándome y de la que he tenido tristemente muy pocos ejemplos: Los hombres también están llamados a ser tiernos; este papá comenzó a cantar para calmar a su hija todas las canciones infantiles de mi propia infancia “El pájaro carpintero se puso a martillar, taca tá”… “Salió la a, salió la a, no sé a dónde va”… Cuando ninguna de estas viejas estrategias funcionó, dijo a su otra hija pequeña “Puedes por favor recordarme la letra de la canción que le gusta” entonces su perspicaz hija comenzó a cantar una modernísima canción de Disney y él inmediatamente se unió a ella, por momentos enmudecía pues evidentemente olvidaba la letra de la canción, pero terminaron de cantarla juntos, la niña finalmente dejó de llorar y él sentenció victorioso: “Esa canción aún tengo que terminar de aprenderla”. Quizás parezca una historia sencilla, pero la intención de este hombre de dejarse enseñar por su hija pequeña por amor a su otra hija, me demostró la ternura que Dios ha puesto también en los padres, ya que Él mismo es Padre, pero que hemos tristemente relegado solamente a la madre en nuestros países latinoamericanos, me llenó de esperanza al recordar que esta misma ternura ha sido impresa por Dios en sus hijos y que sólo es cuestión de disposición para que muchos comiencen a hallarla.


Ya sin niños llorando, empecé a leer, luego dormí y finalmente empecé a observar por la ventana del avión (Lo cual era difícil, pues me tocó el asiento junto al pasillo), aunque no dediqué mucho tiempo a esto, fue suficiente para darme cuenta que Dios había arreglado para mí una preciosa tarde, llena de colores, cuando descendíamos me percaté de la inmensa llanura verde debajo de mí, era la primera vez que parecía llegar en avión a un lugar virgen, aquello fue un manjar para los ojos, entonces reaccioné ¡Había llegado! Después de meses de esfuerzos guiados y respaldados por Dios, era momento de disfrutar de esta experiencia, al pensar en que vería a mis queridos amigos dominicanos comencé a cantar sin pensar mucho en por qué “Amapola” de Juan Luis Guerra, supongo que estaba feliz porque lo que había dicho la Amapola se haría realidad, ¡Por fin los vería! 

Ya en el aeropuerto me encontré con caras no tan amables, supongo que sólo cumplían con su deber y llegar de Colombia ha de ser una alerta para cualquier país, pasé migración, reclamé mi maleta y afuera estaba un hombre con un letrero con mi nombre (Debo admitir que eso fue algo extraño para mi), nos presentamos y tomamos rumbo al hotel donde se desarrollaría el congreso, al llegar, luego de una búsqueda rápida, me encontré con mi buen amigo Prospero y su esposa Leila, fue una inmensa alegría verlos y escuchar que me estaban esperando, por cierto, no he comentado aún que mi vuelo llegó en la tarde por lo que a mi llegada ya había empezado el evento; espere con ellos afuera del auditorio la salida de los muchachos, pues la última conferencia de ese día ya estaba a punto de terminar, para mi tristeza no había podido participar de ninguno de los eventos del primer día.

 Finalmente salieron y fui recibida con gran emoción “La gente te quiere” repetía mi amigo Prospero, por supuesto yo también estaba emocionada y feliz de estar ahí, luego de los saludos y los abrazos me llevaron a mi habitación, donde compartí más de cerca con mi vieja amiga Ana y mi nueva amiga Génesis, resultó que ambas son muy buenas amigas entre sí y me adoptaron como parte de su grupo, con el paso de los días nos dimos cuenta de que Ana y yo éramos almas gemelas, por suerte Génesis no es celosa así que puedo escribir esto con libertad.

 Los siguientes días transcurrieron según la agenda del congreso, desayunar por la mañana, un tiempo en el cuarto de oración, una plenaria, almuerzo, talleres y tiempo de comunidad por la tarde, cada día fue especial y único, pero cómo no quiero cansarte, te hablaré de lo que me impactó más: “Del trono a mi corazón, de mi corazón a mi esfera, de mi esfera al mundo, del mundo nuevamente al trono” este era el mensaje central que unía todos los eventos, y fue para mí gratificante ver cómo Dios nos ha guiado a lo mismo en todo el mundo como organización, CRU por supuesto tiene metas globales, pero también es una organización que respeta la autonomía, ver que el tema general era cómo recuperar el principio de la comunión con Dios, para luego llevar eso a las distintas esferas de la sociedad, me hizo recordar que quien lidera esta obra es Dios, y que los proyectos y visiones que hemos tenido en Bogotá, no nacieron de nuestro corazón sino del corazón de Dios y que Él lleva esos mismos proyectos y visiones a sus siervos por todo el mundo, por supuesto respetando, como el caballero que es, las diversas y muy variadas maneras en que cada uno hará la obra, Él nos creó diferentes y claro que se alegra de que trabajemos mancomunadamente usando esas diferencias.

 Me impactó también de manera particular un taller que tomé llamado “CRU 101” lo inscribí porque por el nombre no sabía de qué trataba esta estrategia de CRU para alcanzar a los perdidos, y resultó ser la estrategia por medio de la cual yo misma fui alcanzada, esto fue una sorpresa porque entré ahí pensando que no sabía nada al respecto y resultó que sabía bastante más que muchos de los presentes, sin embargo, no fue tiempo perdido, al contrario, me sirvió para recordar las bases de lo que hacemos: El amor y el control y guía constante del Espíritu Santo; los últimos talleristas fueron mis antiguos directos nacionales Carlos y Marcela, quienes ahora viven junto a sus hijas en Trinidad y Tobago, explicaron el modelo de multiplicación bien conocido por mí, y al final aprovecharon mi presencia para hacerme algunas preguntas acerca de mi proceso, que sirvieron a la audiencia; al salir del taller se acercó a mí una chica de una de las islas del Caribe y me dijo algo así como “Tu ejemplo me inspira para seguir haciendo movimiento en mi país, soy prácticamente la única persona comprometida allá, pero ahora sé que puedo llegar a hacer una convocatoria y reunirme con otros cristianos para empezar hacer lo que hicieron en tu país” me contó también que había estado buscando cristianos con los que unirse por un tiempo y que aún no había encontrado personas lo suficientemente comprometidas, a lo que le respondí que debía esperar, que a veces Dios nos prepara por un tiempo antes de darnos lo que quiere darnos y que si ella estaba dispuesta y comprometida, en el tiempo correcto Dios le daría un equipo si ella perseveraba en buscarlo, entonces ella se emocionó mucho y me abrazó, diciendo que Dios le había venido hablando de eso, de perseverar mientras esperaba su tiempo, según sus palabras Dios estaba confirmando esto una vez más a través de mí, en verdad fue gratificante para mí, ver como Dios usó la “Casualidad” de que yo tomara este taller, que de haber sabido de qué trataba exactamente quizás no habría tomado, para alentar a muchos de los presentes en el hecho de que es posible iniciar con pocos y llegar a ser cada vez más sin sacrificar la vida en comunidad, siempre que dejemos que sea Dios quien dirija la obra y esperemos mientras caminamos en su voluntad.


El penúltimo día del congreso tuvimos nuestra misión urbana, el día anterior me habían preguntado si podía liderar uno de estos grupos ya que la persona encargada no iba a poder estar y necesitaban ayuda con eso, yo dije que sí encantada, sin pensar mucho en el hecho de que iría fuera del hotel con un grupo de personas que no hablaban español y sin un dominicano a la vista, sin embargo Dios fue increíblemente bueno como siempre y para el día siguiente había alguien del país que nos acompañaría y dos personas más aparte de él y yo que serviríamos de traductores durante el tiempo de evangelismo, pasamos juntos una tarde increíble y pude notar que muchas personas con las que tuvimos contacto ya habían “Recibido a Cristo” sin embargo, era evidente que esto no era del todo cierto en todas ellas, así que la labor evangelística durante esa tarde, de mi grupo al menos, consistió en hablarles acerca de la diferencia de aceptar a Cristo como Salvador y aceptarlo como Señor, esta era según yo la manera más clara de hacerles entender que no había forma de decirse cristiano sin dejar a Cristo en efecto señorear cada área de nuestra vida, fue un tiempo hermoso y mis conocimientos básicos de inglés resultaron ser muy útiles, ¡Gracias a Dios por eso! Durante la noche de ese mismo día fue el concierto de cierre, los que me conocen saben que amo la música así que supondrán que lo disfruté mucho, bueno, suponen bien. Fue genial ver a los distintos países del Caribe reunidos mostrando su folclor y su alegría, escuchar la canción oficial del congreso una vez más, cantar, saltar, hacer coreografías grupales, fue un hermoso tiempo en familia y fue sencillamente divino ver cómo en tres idiomas diferentes se adoraba a un mismo Dios, como dijo mi amigo Juan acerca de estos congresos internacionales “Creo que esto es lo más parecido a lo que vamos a experimentar en el cielo cuando gente de toda lengua y nación adore a Dios”… Gracias a Dios por esos momentos de adoración por medio de la música, fue para mí todo un honor adorarle a Él en compañía de mis hermanos de tantas naciones.

Y es así como llegamos al último día del congreso: Tuvimos durante la mañana el desafío de fe a unirnos en el futuro a misiones de corto plazo, a servir como parte del Staff o a servir desde nuestras profesiones, fue un tiempo hermoso en el que cada uno recibió un desafío impreso en su idioma, la idea era elegir una o más opciones de lo que Dios te estaba llamando a hacer durante los próximos años, fue un momento muy emotivo en el que oramos por la guía de Dios y cada uno tomó su decisión, luego tuvimos un tiempo para compartir con nuestras comunidades (Las mismas personas con las que habíamos hecho misión urbana el día anterior) y charlar sobre el desafío que acabábamos de aceptar, por último tuvimos un tiempo por países para hacer lo mismo, como era de esperarse pasé este tiempo por países con las personas de República Dominicana, ellos dicen que yo soy “Una dominicana frustrada” sólo porque amo comer plátano en todas sus preparaciones, disfruto bailar merengue y también bachata y mi cantante preferido es Juan Luis Guerra, yo siempre respondo ante eso que en realidad soy “Una colombiana aplatanada” pues ellos llaman “Aplatana’o” a todo lo de allá, yo por supuesto no soy capaz de decir “Colombiana aplataná”, mi mamá me enseño desde pequeña a no “comerme” las letras al final de las palabras, pues soy de la costa caribe colombiana donde también hablan de una manera similar, así que a pesar del disgusto de mi amiga Helen, continuaré diciendo “Aplatanado” o “Aplatanada” según corresponda. 

Volviendo al tiempo por países, fue un momento muy especial y conmovedor, pude escuchar a mis amigos dominicanos hablar de los desafíos que estaban teniendo como país y de cómo Dios de manera particular había estado guiando a cada uno a responder, escuché con alegría cómo varios de ellos están considerando servir tiempo completo con CRU y como otros piensan que pueden servir desde sus carreras, varios estaban inquietos por viajar a otro país a ayudar a formar movimiento allá y otros cuantos hablaban de servir medio tiempo, yo por mi parte, les escuchaba con atención, feliz de que Dios me permitiera ver el milagro del crecimiento que han tenido y de cómo Él los desafiaba y ellos escuchaban y aceptaban el desafío, de este momento me llevo las palabras de mi amigo Próspero: “Los otros dicen que somos nosotros los que estamos locos, pero por doce locos es que ahora todos nosotros somos cristianos” lo decía mientras nos invitaba a no desistir, a jamás creer que el dinero pudiera ser un impedimento, yo por supuesto me puse a llorar como de costumbre, cuando recuerdo lo inmenso de la fidelidad y el amor de Dios por mí.


 Esa tarde tuvimos un tiempo libre, eso fue genial, pues casi no había podido dormir, pude hacer eso y recorrer distintas partes del hotel, para después volver en la noche al tiempo de cierre, ahí nos esperaba nuestro director de LAC (Latinoamérica y el Caribe) quien nos habló del significado del logo del congreso, de la importancia de estar ahí, de lo importante de regresar a vivir a lo aprendido, pero lo que más recuerdo es que nos habló de la importancia de no olvidarnos de respirar… Luego de contar cómo durante sus años mozos era atleta en su escuela, nos dijo sobre un episodio en el que estando en la línea de salida, estaba tan concentrado en llegar a la meta, que salió disparado y empezó a quedarse sin fuerzas en medio de la carrera hasta que se desmayó, cuando volvió en sí, su entrenador le pregunto “¿Keith, recordaste respirar antes de iniciar la carrera?” La pregunta parecía insólita pero el entrenador continuó “He visto esto antes, muchos atletas se concentran tanto en la meta que se olvidan de respirar antes de iniciar a correr”  ¡No olvides respirar! Era uno de los temas centrales de su charla, para mí el más significativo de todo lo que escuche en el congreso, un respiro, una bocanada de aire, puedes morir si te olvidas de respirar, y ninguna meta es tan importante como para no hacerlo, es más, no llegarás a ninguna meta sino respiras antes y durante el proceso, como cristianos pasar tiempo en intimidad con Dios es nuestra forma de respirar, por eso todo comienza en el trono y de ahí pasa a nuestro corazón, no puede empezar en otra parte y no puede seguir en otra parte, sólo así respiramos y sólo así lograremos que de nuestro corazón el mensaje del evangelio pase a nuestra esfera, y de nuestra esfera al mundo, y del mundo, nuevamente vuelva al trono de Dios.






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