Mi experiencia en la Palabra- Martha Torrado

Debo confesar que no sabía cómo empezar a escribir sobre este tema, no porque no me parezca relevante, sino por todo lo contrario, no sabía cómo abordarlo porque me parece un tema vital, tanto, que temía no tener las palabras adecuadas o suficientes para transmitir su importancia; luego de mucho pensar y de descartar varias ideas, encontré, según yo, la perfecta analogía, llegué a la feliz conclusión de que mi experiencia pasando tiempo en la palabra de Dios y meditando en ella se asemeja mucho a… ¡Comer! Sé que esto puede parecerte extraño en principio, pero dame una oportunidad, prometo ser convincente.








¿Qué pasaría si por un día entero de tu vida cotidiana pasaras toda la jornada sólo tomando agua, sin ingerir ningún alimento? Si alguna vez lo hiciste es probable que al final de ese día te sintieras algo diferente, quizás cansado, con un hambre terrible y puede que algo malhumorado, pero supongamos que no, supongamos que pasaste tu día de las mil maravillas, te acostaste a dormir (todavía sin comer nada) y llegó el día siguiente ¿Qué pasa entonces? ¡Te levantas con una sonrisa en el rostro, viendo el sol radiante, con el ánimo arriba y con toda la disposición de afrontar otro ocupado nuevo día en ayunas! Lo dudo mucho. La mayoría de nosotros despertaríamos e iríamos directo a la cocina, con muchos deseos de encontrar comida en la alacena para devorarla en un instante, esto es porque la comida es necesaria para nuestro cuerpo, es indispensable y es vital. Tal como comer lo es para el cuerpo, pasar tiempo en la palabra de Dios es necesario, indispensable y vital para nuestro espíritu, por eso al escribir sobre este tema, decidí compartir contigo tres hábitos que he adquirido con los años y que me han permitido conocer mejor a Dios en su palabra, de hecho, procuro (A veces sin éxito) aplicarlos también en mi alimentación física. Como ya dije, prometo convencerte: La comida es la analogía perfecta.


Hábito saludable 1: Alimentarme regularmente y con calma

“Desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación” 1 Pedro 2:2

Todos hemos tenido la experiencia de comer corriendo para continuar enseguida con nuestro agitado día, esta experiencia no se compara en nada con la de ir a un restaurante o sentarnos en la mesa de nuestra casa a disfrutar de un plato de comida mientras nos deleitamos con calma en su delicioso sabor; Hay días en qué, ocupaciones imprevistas nos quitan el tiempo que habitualmente dedicamos a la lectura de la palabra, yo no creo que esto sea un asunto de muerte si sucede una vez cada mucho tiempo, pero si nos habituamos a alimentarnos físicamente de una manera tan descuidada acabaremos por enfermar y lo mismo pasará a nuestro espíritu siempre que dejemos que las otras cosas en la agenda nos impidan sentarnos tranquilos a tomar el alimento de la palabra de Dios. El tiempo diario con las escrituras no es negociable, forma parte fundamental de nuestra vida devocional y debemos defenderlo a capa y espada. Tengo el hábito de alimentarme de la palabra a diario y sin prisas, para ello es indispensable separar un tiempo especial en mi agenda, así como separo tiempo para comer tres veces al día. Algunas personas prefieren elegir una misma hora todos los días para leer y meditar en la palabra, otras, como yo, separamos una cantidad de tiempo a diario, aunque no necesariamente a la misma hora, hazlo como prefieras, pero no dejes de alimentarte regularmente y con calma. ¡La cena está servida, disfrútala!

Hábito saludable 2: Comer alimentos de gran calidad y en suficiente cantidad

¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro salario en lo que no sacia? Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno, y se deleitará vuestra alma en la abundancia. Isaías 55:2

Las exigencias del día a día nos demandan una buena alimentación, balanceada y suficiente. Si comemos poco o comemos muchos alimentos de mala calidad, nos sentiremos débiles y cansados, tendremos problemas de peso, de sueño, de concentración… Así mismo debemos cuidar con qué alimentamos nuestro espíritu, no estoy en contra de estudiar la palabra de Dios usando libros devocionales, pero sí encuentro desfavorable la actitud perezosa de conformarse únicamente con lo que alguien más experimentó y aprendió y no estudiar también la palabra de Dios por mi propia cuenta, ya que esa es la comida de mejor calidad, además no hay mejor manera de conocer a Dios que escuchando directamente lo que tiene para decirme en su palabra, así es como la fe en Él se fortalece, como consecuencia natural de conocerlo mejor (Rom 10:17). En cuanto a la cantidad, mi hábito personal es leer porciones grandes de la escritura, por lo menos un capítulo por día, cuando no dispongo de mucho tiempo o de mucho ánimo, pues tampoco estoy a favor de leer la biblia sin nada de ganas o sólo por cumplir, en esas ocasiones en que mi ánimo flaquea, me dedico a orar pidiendo a Dios que me ayude a disfrutar la lectura, luego de orar de esa forma termino por leer muchos capítulos o sólo uno, pero siempre leyendo con atención. Leer porciones grandes ayuda a tener los versículos en contexto, me gusta tomar un libro en particular para estudiar en mi tiempo devocional y no soltarlo hasta haber digerido cada capítulo. Algo que encuentro muy importante, además, es leer para entender lo que el texto dice e interpretar lo que está escrito sencillamente y sin pretensiones con la ayuda del Espíritu Santo, los profundos estudios teológicos no están mal, pero pueden terminar por desviar nuestra atención hacia lo fino del plato, los elaborados cubiertos, lo elegante de la mesa y entonces podríamos perdernos del sencillo placer de disfrutar la comida.


Hábito saludable 3: En los momentos de mayor actividad, alimentarme más y mejor

Si tu ley no hubiera sido mi deleite, entonces habría perecido en mi aflicción. Salmos 119:92

Ninguna persona sabia decidiría durante los meses más arduos de su año, dejar de comer o hacerlo mediocremente (Sí, los estudiantes universitarios no siempre obramos sabiamente) la expresión ¡No tengo tiempo ni para comer! es muy popular, pero carece de sabiduría, si no dejamos tiempo para hacer algo tan vital, sencillamente no vamos a rendir bien, vamos a estar cansados y no podremos concentrarnos, no saltarse comidas y comer a tiempo siempre son buenas decisiones no importa lo ocupado que uno pueda estar ¡Primero lo primero! Y para mí que comer bien es una prioridad; de la misma manera, en los momentos de la vida en que debemos afrontar las batallas más duras, tenemos días más ajetreados o nos enfrentamos a serios problemas físicos o emocionales, debemos estar fortalecidos en la palabra de Dios, debemos buscarla con mayor intención y con más ahínco que todos los otros días, así conseguiremos encarar esos desafíos de la mejor manera. TODAS las veces que he pasado por alguna prueba y he seguido esta pauta he resultado fortalecida y victoriosa, por el contrario las ocasiones en que he decidido apresurarme y no ir primero a la palabra de Dios, acabo recorriendo un camino lamentable y más largo para terminar donde he debido iniciar, de rodillas y atenta a su palabra.



Unas palabras finales… 

He aprendido a fuerza de práctica que hay demasiadas mentiras que escuchar a diario, la única manera de saber que estoy alimentándome mal es consultando a un experto o habiéndome alimentado bien antes en algún punto de mi vida, de la misma manera no hay forma de detectar las mentiras del mundo, del enemigo y de mi propia carne sin consultar al experto y alimentarme de la verdad de la palabra de Dios, recuerda las palabras del apóstol Pablo a los Hebreos “el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.” 
Si quieres estar preparado para ingerir alimento sólido y tomar decisiones con discernimiento, no dejes de ejercitarte en estos hábitos cotidianos, te aseguro que en el camino irás descubriendo otros que también te ayudarán en tu dieta espiritual ¡Ánimo y no dejes que nadie te engañe! La palabra de Dios es el único alimento que nunca perece.




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