La batalla de cada mujer joven- Shannon Ethridge y Stephen Arterburn [Reseña por Sarah Peña]



La batalla de cada mujer joven- Shannon Ethridge y Stephen Arterburn.


Conocí este libro a través de un discipulado que recibía de una chica de CRU en mi universidad. Nos reuníamos la discipuladora, otra amiga y yo a charlar y profundizar en temas que Dios nos manda a escudriñar para llevar una vida en santidad. Hasta que un día, nuestra discipuladora nos recomendó este sustancioso libro para ponerlo en práctica de manera inmediata y arreglar algunas partes de nuestras vidas que de alguna forma u otra podrían haber estado descuidadas.

Debo admitir que al principio la idea no me encantaba del todo; soy de esas personas que no les gusta leer libros más que la Biblia, al menos que el título del libro sea muy llamativo, y este no parecía ser uno de esos. Pero sin duda alguna, hay libros que merecen ser hojeados, y este entra en esa lista. Espero que esta reseña te sea de tanta bendición como ha sido para mi vida. ¡Echemos un vistazo!



Primera Parte: Comprende nuestra batalla.

Existe una verdad que ignoramos, y es que todos somos tentados en el ámbito sexual. Nadie escapa de esta realidad. Dios puso tanto en el hombre como en la mujer el deseo de unirse. Por lo tanto, hay un tesoro que debemos cuidar: nuestra sexualidad. Imagina que tu sexualidad es como una mesa que tiene 4 patas (aspectos) diferentes: lo físico, lo mental, lo emocional y lo espiritual de nuestro ser. Si una de las patas de la mesa falta o está rota, la mesa pierde el equilibrio con facilidad. Entonces, pureza sexual no es nunca haber tenido relaciones sexuales, sino cuidar con cautela cada aspecto y procurar estabilidad.

Como en toda carrera hay obstáculos, en nuestro camino por la pureza hay mitos que intensifican nuestra lucha: “La forma de vestir es cosa mía”, “Necesito tener novio para sentir que soy alguien”, “Mi amor lo salvará. Puedo cambiarlo”, “Siento tantas tentaciones sexuales que ya debo ser culpable, entonces, ¿para qué preocuparme por resistir?”… Estas y otras mentiras son creadas por el mundo para conformarnos y no obedecer el mandato de Dios (Rom. 12:2).

Segunda parte: Evita la autodestrucción.

Existen diferentes maneras de autodestruirnos y estorbar el diseño de Dios. Uno de ellos es la masturbación. Una manera de alimentar tu propio fuego sexual, dejando a un lado los planes de Dios para ti. Esta acción no satisface los deseos sexuales, simplemente los intensifica. Aunque es cierto que este hábito es difícil de controlar, no es imposible hacerlo. Dios te ha dado un espíritu de dominio propio (2 Tim 1:7) y quiere que te conduzcas en santidad (1 Pedro 2:11).

Otra manera de llegar a la concesión sexual es cuando te ves al espejo y tienes uno de estos pensamientos: “detesto como luzco” o “¡ay, qué buena estoy!, cualquiera de los dos extremos puede llevarte por el camino de la concesión sexual a la velocidad de la luz. Ya sea que tu vanidad te lleve a situaciones sexuales con muchachos que piensan que estás buena o si tu pobre imagen corporal hace que te pegues a cualquier chico. Recuerda que tu belleza no radica en tu apariencia física, eso es sólo un adorno, tu verdadera belleza está en que eres creada por Dios y cada día serás más hermosa pareciéndote a Jesús.

Tercera parte: Evita la destrucción de otros.
La manera en que te vistes influye en la forma en que otros te miren. A partir de esto le enseñas a los demás cómo tratarte. La estimulación de los chicos es visual, y no queremos ser piedra de tropiezo si Dios nos manda a amar a nuestro prójimo como a nosotras mismas (Mateo 22:39). Así también debemos tener cuidado con nuestras palabras y hacia donde nos dirigimos con ellas, ¡Cuidado con el coqueteo! (Efesios 5:3-4).

Cuarta parte: Protege tu mente.

Toda acción tiene un estado inicial en nuestra mente. Allí empiezan nuestras tentaciones. Debemos tener cuidado con lo que dejamos que se albergue en ella. Amiga, lo que consume tu mente, controla tu vida. “No puedes impedir que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero si puedes impedir que hagan un nido en ella”, de igual modo, “Ninguna tentación se transforma en pecado sin que le des permiso”.

Reorienta tus pensamientos haciendo dietas de hambre saludable (Col. 3:5-6). Evita contenidos sexuales en la TV, en la industria de la música, las revistas femeninas, etc. Recuerda que Dios sondea el corazón y examina tus pensamientos (Jeremías 17:10).

Quinta parte: Protege tu corazón


Dios nos manda a que sobre todas las cosas guardadas, guardemos nuestro corazón porque de el mana la vida (Pro. 4:23). “Si quieres ser una joven de integridad sexual y emocional, sé sabia en cuanto a la dirección que permitas que vaya tu corazón”.

Las autoras ilustran 6 niveles de conexión emocional cuando un chico nos interesa, comparando estos niveles con un semáforo, donde la atracción y la atención están permitidos (luz verde), el apego y la demostración de afecto debemos avanzar con cuidado (luz amarilla), y cuando nuestro corazón va por la línea de adicción y aventuras prohibidas (luz roja).

Sexta parte: Protege tu cuerpo

Dios quiere lo mejor para nosotras. Él nos dice que el acto sexual fuera del matrimonio es pecar contra nuestra propio cuerpo (1 Cor 6:18-20), sin tomar en cuenta el peligro de posibles enfermedades de transmisión sexual. Dios tiene todo preparado para mantener la salud sexual y la felicidad relacional de cada una de sus hijas. Para disfrutar de esto, debes guardarte físicamente hasta el matrimonio.

Séptima parte: Busca amor en lugares adecuados.

Encontrar a la persona adecuada conlleva una serie de etapas. En este capítulo nos lleva a considerar 5 cosas para un buen compañero en potencia: madurez espiritual y carácter a la imagen de Cristo, un trasfondo familiar fuerte (o al menos el deseo de desarrollar uno), responsabilidad financiera, visión de futuro y atractivo físico. Si crees que ya tienes al señor adecuado, entonces debes procurar ser la señora adecuada con un corazón sincero e íntegro, teniendo una relación personal con Jesucristo, cuidándote y teniendo una autoestima positiva, teniendo buenas relaciones con tus familiares y amistades intimas, etc.

Quizá ya seas la señora adecuada de alguien o no estés ni cerca de ser la adecuada de ningún chico. Cualquiera que sea tu situación, debes ser la adecuada para Cristo. Él te llama su novia. Enamórate de Jesús de tal manera que puedas recitar este texto en Cantares 6:3: “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”. Búscalo de noche y de día y experimentarás la profundidad de su amor perfecto hacia nosotras.



¡Dios te bendiga!



Importante: Si en tu lucha por la pureza sexual has caído o estás siendo tentada, busca ayuda de una persona espiritualmente madura. “Los secretos vergonzosos supuran como una astilla en un dedo y es mucho mejor contarlos y dejar que alguien nos ayude a sacarlos de nuestras vidas a fin de que sane la herida”.


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