Razón #2 La Gracia por: Juan Marcos Tapia



¿Conoces la primera razón? Te recomendamos leerla aquí Razón #1 La Devoción a Dios.


Dios nos salvó y nos ha llamado a consagrarle nuestra vida, no por lo que nosotros hayamos hecho, sino porque ese fue su propósito y porque nos ama en Cristo Jesús… (2Timoteo 1: 9) (DHH)

Tengo que confesar que en mis primeros pasos en la fe no dominaba muy bien el concepto de la gracia, a primera instancia no entendía lo que significaba, así que, de alguna manera, opté por ignorarla, pensando que sólo era una excusa de algunos para no esforzarse en obedecer. Recuerdo que la fidelidad a Dios se convirtió en uno de mis tópicos de preferencia. Buscaba con ansias obedecerlo y sentía que lo estaba logrando. Leía la Palabra, asistía a cada servicio y trabajaba con dedicación en el ministerio. Pensaba que Dios se estaba placiendo en mí a causa de la manera en la que “me consagraba”, que me lo estaba ganando. Sabía que había algo mal. Mi intento por obedecer era más bien un auto-flagelo vacío que no hacía más que acercarme al orgullo, alejándome de Dios. Estaba inseguro.  pues la consagración no es producto de nuestra iniciativa, sino que es la iniciativa de Dios desde tiempos inmemorables.  

Sin embargo, tenía el respeto de los míos y contaba con la admiración de muchos. Hasta que fui confrontado por el conocimiento de la gracia. Caí arrepentido, reconociendo la magnificencia de la gloria de Dios. El fin de consagrarme era bueno, pero no iba en el camino adecuado,

Tal vez te identifiques conmigo, quizás no has reflexionado mucho en esto, pero creo que esa es la razón por la que Dios me permite escribir este post, pues debemos tener cuidado, ya que uno de los ataques del enemigo consiste en hacernos creer que la gracia nos aleja de la consagración, cuando es todo lo contrario, pues la consagración misma es producto de la gracia de Dios en nuestra vida. Pablo sigue aconsejando a su joven discípulo, en este caso acercándolo al conocimiento de la gracia: “…nos ha llamado a consagrarle nuestra vida, no por lo que hayamos hecho…” (2Timoteo 1: 9). Lo que nos lleva a ver la consagración como un acto de Dios y no como producto de nuestro esfuerzo ¡Qué manifestación de amor tan grande nos da el Padre al darnos, sin nosotros merecerlo, el llamado a la consagración!

La gracia, al ser definida en el contexto bíblico como el hecho de recibir aquello (bueno) que no merecemos, trae consigo el llamado a la consagración, el cual se nos presenta en las sagradas escrituras como algo que recibimos “No por lo que hayamos hecho”, exponiendo nuestra incapacidad de consagrarnos a Dios por nuestra cuenta. La consagración es un regalo, es parte de lo que nuestro Padre quiere que disfrutemos en este mundo lleno de pecado.

Nuestro deseo, como hijos de Dios, debe ser reflejar esa vida de consagración que hemos recibido por fe, alejándonos del pecado. Debemos sentirnos alegres de tener la oportunidad de consagrarnos a nuestro Señor, ya que esto es muy provechoso y no es algo que nació en nosotros, sino que fue su iniciativa. Es un misterio maravilloso el hecho de tener la oportunidad de acercarnos a Dios por medio de la obra de Cristo, recibiendo la salvación de manera gratuita y con ella una vida consagrada, lo cierto es que Dios ya nos había escogido de antemano para esto y debemos estarle profundamente agradecidos:

(4) Dios nos escogió en Cristo desde antes de la creación del mundo, para estar en su presencia, consagrados a él y sin culpa. Por su amor (5) nos había destinado a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, conforme a lo que se había propuesto en su voluntad. (Efesios 1: 4-5) (DHH)

Creo que es necesario reflexionar en la gracia, y pedirle a nuestro Padre que nos consagre por medio de esta. Humillemos nuestros corazones en arrepentimiento (Hechos 2: 38), sabiendo que el Padre nos ama (Romanos 5: 8). Acerquémonos con confianza al trono de la gracia (Hebreos 4: 16). Abracemos la consagración con alegría, aceptándola como un regalo grato que podemos disfrutar sin merecer (Efesios 1: 4). Pongamos en alto la gracia, siendo transformados por ella (Romanos 5: 16).

Te animo a meditar y a orar sobre este tema. Sumérgete profundamente en la Palabra de Dios y agradece por la manifestación milagrosa de su gracia en tu vida, considerándola como una excelente razón para emprender el camino a la consagración.



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