'LO QUE LOS ENAMORADOS HACEN' Por Martha Torrado



“Debido a que amo a Sión,
no me quedaré quieto.
Debido a que mi corazón suspira por Jerusalén,
no puedo quedarme callado.
No dejaré de orar por ella
hasta que su justicia resplandezca como el amanecer
y su salvación arda como una antorcha encendida.” 

Isaías 62:1 (NTV) 



¿Alguna vez te enamoraste? ¿Sí? Recuerda por un momento esa sensación, ¿Cómo fue? ¿Qué sentiste o sientes por esa persona? Solemos distinguir entre amar y estar enamorado, decimos que no todos los enamorados necesariamente aman, y que no todos los que aman están necesariamente enamorados. Hoy no quiero hablar de estos detalles, por hoy tratémoslos sin distinción, pues quiero hablarte de un hombre enamorado, que amó profundamente.
Este hombre ha visto al objeto de su amor pasar de la gloria a la destrucción, lo ha visto desolado, destruido, ha visto lo mejor y lo peor. Sin embargo, ama y tiene un corazón que suspira por su amada. ¿Qué hace al respecto? Según sus propias palabras, debido a su amor: No puede quedarse quietoo; debido a su amor, no puede quedarse callado; debido a su amor, no dejará de orar por ella. Quiero que pienses por un momento ¿De quién estás enamorado? Ahora, déjame hacerte una pregunta más difícil ¿De qué estás enamorado? Isaías se encontraba profundamente enamorado de su pueblo, como él, todos nosotros podemos enumerar personas y cosas amadas; Ahora, déjame aclarar algo, muchas veces decimos amar a alguien o algo, pero nuestros hechos desmienten nuestras palabras, decimos no amar algunas cosas, pero nuestros hechos demuestran que en efecto lo hacemos. (¿Qué es entonces aquello que amo?) saberlo es sencillo, pregúntate ¿A qué (o quién) dedico la mayor parte de mi tiempo, dinero, pensamientos y energía? Puedo asegurar, aún sin conocerte, que hay un patrón en todas tus respuestas, ese es sin duda, el objeto de tu amor.

Isaías dedicaba la mayor parte de su tiempo, energías y esfuerzo a luchar por Israel, él anhelaba la salvación de su pueblo; que escucharan a Dios, se volvieran a Él y se arrepintieran, para llevar una vida santa a su lado ¿Por qué? Porque los amaba.

Pregúntate ahora, en compañía del Espíritu Santo ¿Cuál debería ser el objeto de mi amor?

A Jesús le preguntaron cuál era el mayor mandamiento, él contestó sin rodeos:

“…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y más grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”

Existe un primer y un segundo lugar, en cuanto a lo que debería ser objeto de tu amor. En el primer lugar, indiscutiblemente debería encontrarse el Señor, Dios debe ocupar la mayor parte de tu tiempo, pensamientos, energías… En fin, debes amarlo CON TODO. Y en segundo lugar se encuentra nuestro prójimo y es justamente de ellos de quién quiero hablarte: De los otros.

Isaías nos muestra lo que los enamorados hacen cuando aman tan profundamente. Lo primero a notar es que esos “otros” para Isaías tenían nombre propio: El pueblo de Israel. En tu caso, ¿cuál es ese nombre? Quizás tengas en mente una persona en particular, quizás a tu familia, quizás sean las personas de tu trabajo, tal vez se trate de tu universidad, o personas tu iglesia, todos ellos deben ser objeto de nuestro amor, sin embargo, Isaías habla del pecado del pueblo que lo aleja de Dios, es decir que en este caso, su amor es dirigido a quienes no son cercanos a Él.

Piensa por un instante en aquellos con quienes compartes a diario, pero que aún están lejos de Dios, ahora llama por nombre propio a esos “otros” en tu vida, ¿Ya está? Entonces, manteniendo en tu mente y corazón ese nombre menciónalo en las siguientes líneas.

Debido a que amo a … No me quedaré quieto

Si verdaderamente amas a tu familia, amigos, o cualquier nombre por el que te hayas decidido, NO DEBES QUEDARTE QUIETO. Isaías nos enseña a no hacerlo. Él no sólo conocía la verdad, sino que trabajaba activa e insistentemente en que las personas a su alrededor la conocieran. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo para compartirla?

Debido a que mi corazón suspira por … No puedo quedarme callado

Francisco de Asís nos dejó la popular consigna: “Predica todo el tiempo, y si es necesario habla” refiriéndose al hecho de que nuestros actos también hablan de Cristo; aunque esto es cierto, resulta que HABLAR SIEMPRE ES NECESARIO. La biblia es clara: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.” (Rom 10: 17) Nuestros hechos respaldan nuestras palabras, por eso no podemos quedarnos quietos.

No dejaré de orar por … hasta que su justicia, resplandezca como el amanecer y su salvación arda como una antorcha encendida.

Esta es una declaración que te compromete, te compromete delante de Dios a perseverar en oración por esas personas en tu vida; observa lo que Isaías sigue diciendo:

“Jerusalén, yo he puesto centinelas en tus murallas;
ellos orarán continuamente, de día y de noche.
No descansen, ustedes que dirigen sus oraciones al Señor.
No le den descanso al Señor hasta que termine su obra,
hasta que haga de Jerusalén el orgullo de toda la tierra.”

Isaías además de estar enamorado, tenía clara su misión y tenía también claro el papel de la intercesión en esa misión; como él, tú y yo DEBEMOS ORAR SIN TREGUA; Seamos como la viuda insistente de la parábola que no dio descanso al Juez con sus súplicas.

Gracias a Isaías, quien se dejó usar por Dios en su tiempo, tenemos hoy, un claro y organizado plan de batalla: Acción, Predicación y Oración.

La terna imparable que hizo a Isaías merecedor de su propio lugar en las escrituras, nos hará victoriosos en la guerra que vivimos día a día en nuestra propia Jerusalén.



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