Diciendo gracias aún sin entenderlo


          Puedo dar testimonio de lo difícil que es el sufrimiento, sentir decepciones, desilusión entre otras amargas experiencias que atacan directamente nuestra fe, que hacen que nos preguntemos ¿Dónde está Dios? He pasado por experiencias de tanto infortunio que han opacado su obra en mí, que no me han permitido divisar su gracia, disfrutar su salvación o exaltar su gloria. Problemas familiares, emocionales, económicos, académicos y físicos me han atacado abruptamente y he sentido no poder más. Ni siquiera gotas de alabanzas caen de aquellos labios que solían ser como cascadas desbordantes ¡En tal error he caído!

Quien afirma que el cristiano no sufre está equivocado. De hecho, nunca se nos prometió no sufrir. Jesús fue claro al decir que en el mundo tendremos aflicciones, agregando el llamado a confiar (Juan 16: 33), esto aplica aun cuando no podemos entender. De alguna manera los sufrimientos están al servicio de Dios para nuestro proceso de perfección ¡Cuán difícil es aceptar que, aunque no tengo la menor idea de cómo, todo esto obra para mi bien! (Romanos 8: 28). En mi naturalidad no puedo comprender por qué Dios no eligió un servidor más considerado que el sufrimiento para esta labor. Por asuntos como estos me queda claro que sus pensamientos no son iguales a los míos (Isaías 55: 8).

Pero como hijo no tengo más opción que confiar en las decisiones de mi Padre, quien además es totalmente perfecto y soberano. Esta confianza se alimenta con las promesas contenidas en su Palabra. Él sabe los planes que tiene para mí y, como es así, debo, aun sin entender, estar agradecido por el bienestar que al final obtendré y por el camino que he de recorrer (Jeremías 29:11). Estas verdades son las que me animan a no desmayar y a pasar cada proceso con la mejor actitud, aunque no sea fácil ni cómodo.

Acudamos a Él en la dificultad, recibamos su consuelo y seamos llenos de su esperanza. Busquemos en su Palabra la verdad que nos fortalece y pasemos con paciencia el amargo proceso.

(3)…nos alegramos en el sufrimiento; porque sabemos que el sufrimiento nos da firmeza para soportar, (4) y esta firmeza nos permite salir aprobados, y el salir aprobados nos llena de esperanza. (Romanos 5: 3-4) (DHH)







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