Devoción e Intimidad






Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz... 
¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia? 
(Salmos 139: 7,12)


En algún momento de nuestras vidas todos nos hemos encontrado en soledad, ese espacio en el que uno no puede hacer más que ser sincero ante sí mismo, en el que las intenciones de nuestro corazón se desnudan y donde es tentada nuestra fe con el peligro de ser movidos a la incredulidad o, mínimo, a ignorar nuestros principios, debilitándose nuestra convicción a causa de la inclinación natural que tenemos al pecado. Al meditar en este asunto, podemos ver que la soledad o el sentirse con suficiente intimidad como para pecar y que "nadie se dé cuenta" , es sólo caer en la tentación de olvidar o ignorar la omnipresencia de Dios, quien exige de nosotros una vida pura, no sólo ante la gente, sino ante sus ojos, en otras palabras: siempre.

Hay una realidad innegable que debemos entender de la intimidad: esta puede acercarnos más a la devoción o alejarnos más de ella, es por esa razón que los momentos de intimidad representan el espacio de más lucha para el creyente. Cuán fácil es servir a Dios en público pero, ¿qué pasa en nuestra mente? La manifestación de lo que sucede en nuestro interior tiene protagonismo en el momento en que nos encontramos humanamente solos. Cabe aclarar que esto aplica a los momentos en los cuales caemos en complicidad con otros para ocultar un error, me refiero a esos en los que tenemos algo así como una "soledad compartida" y quedamos propensos a dar rienda suelta a nuestros impulsos, incluso en compañía.


Mantenernos fieles en los momentos de soledad debería ser una de las metas principales del cristiano, este principio es lo que definiría a alguien que dé fruto de verdadero arrepentimiento. Debemos perseguir la sinceridad delante del Padre y pedirle que nos ayude a disfrutar de una vida íntegra, lo cual sólo puede lograrse en su gracia.

Por otro lado, todo lo que estoy escribiendo ahora está impactando mi conciencia. No quiero que me veas como alguien que no se siente propenso a caer en la intimidad, más bien, soy alguien que desea ser fiel y que ha luchado, al igual que tú, en este proceso. Para mí resulta más fácil decir que soy un cristiano comprometido, en vez de serlo realmente, lo cual me entristece. Me llena de vergüenza y angustia ir ante la presencia de Dios, sabiendo que no fue la opción que debe ser en mi vida: la única.

Es sabio reflexionar en esto, mirar cómo somos en verdad, no delante de los hombres, sino delante de Dios y nosotros mismos. Es bueno que nuestro tiempo de intimidad sea un espacio de cercanía en el que disfrutemos al Señor, recordando que en su presencia hay plenitud de gozo;(Salmos 16: 11); leyendo, meditando y viviendo la Palabra; y tomando en cuenta que esta podría ser una oportunidad para ser perfeccionados en Él:

Bendeciré al Señor, porque él me guía, y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches.
 (Salmos 16: 7)


Juan Marcos Tapia.

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