Lo que el COVID-19 se llevó




Muchas cosas han quedado al descubierto con la pandemia que nos azota actualmente: negligencia de los gobiernos, desacato a la autoridad, falta de consciencia colectiva, desigualdad económica profunda… Pero, también cosas positivas han salido a la luz: creatividad, ingenio, solidaridad, altruismo… Es de esperarse que aspectos, tanto positivos como negativos, se revelen en medio de una crisis de esta proporción, y la iglesia, por supuesto, no está exenta de este fenómeno.


Cientos de cristianos alrededor del mundo se encuentran dando su vida en favor de otros, exponiéndose a perderla (literalmente) al salir a las calles a suplir a los más necesitados de ropa, alimento y consuelo; otros buscan en las calles a aquellos sin hogar, para llevarlos a albergues y refugios; mientras que la mayoría nos unimos en constante clamor al Señor, pidiéndole que sane nuestra tierra y podamos ver su misericordia en esta situación, el Covid se ha llevado muchas de las diferencias que nos separaban como pueblo de Dios y nos ha unido en amor, se ha llevado las discusiones sin sentido de las que Pablo nos advirtió y se ha llevado también nuestra autosuficiencia. Sin embargo, a pesar del evangelio en acción demostrado por la mayoría de las iglesias, este fenómeno también ha dejado ver profundos problemas doctrinales en muchos cristianos, quienes, ante preguntas difíciles no tienen respuesta o se conforman con respuestas simples como “Sólo el Señor lo sabe”.


Lo cierto es que no somos Dios, pero tenemos su palabra para dar respuesta a muchos interrogantes, sin olvidar nuestra posición delante de Él y mucho menos su carácter en el proceso. Él nos ama y está interesado en que conozcamos su voluntad, tanto para nuestras vidas en particular como para la humanidad en general. Por eso, te invito a que analicemos juntos tres preguntas difíciles y cómo nuestras respuestas distan (Y mucho, en ocasiones) de lo que enseña la biblia:


¿Por qué está pasando esto?

En Mateo 16:2-4 Jesús les dice a los saduceos: «Al atardecer, ustedes dicen que hará buen tiempo porque el cielo está rojizo, y por la mañana, que habrá tempestad porque el cielo está nublado y amenazante. Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos…» Como sabemos, este pasaje nos habla de la incredulidad de los saduceos sobre la divinidad de Jesús, sin embargo, su exhortación es aplicable a nosotros en este tiempo; cuidémonos de no ser de los que saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos. Basta con leer la profecía de Jesús en Mateo 24 para darnos cuenta de que hace mucho nos encontramos en lo que Él llama: principio de dolores. Por lo tanto, la respuesta de la iglesia ante esta pregunta debería apuntar al cumplimiento de los tiempos y las profecías bíblicas (La de Mateo 24 es sólo un ejemplo de las muchas existentes), en contraste, algunos cristianos evaden esta pregunta e incluso se escandalizan porque alguien sea capaz de "cuestionar a Dios" ¡Cuidado! Orar es bueno, pero también lo es cuestionar lo que sucede a nuestro alrededor, lo cual no es sinónimo de cuestionar a Dios. Al parecer, el Covid se llevó la responsabilidad de la iglesia de advertir y llamar a la reconciliación con Dios, se llevó su discernimiento, y por ende, su capacidad de ser luz en medio de las tinieblas.


¿Por qué un Dios bueno permite todo esto?

Ante esta pregunta algunos cristianos en redes sociales, se han atrevido a insinuar-y otros a decir directamente-que Dios no tiene nada que ver con lo que está pasando, sino que es consecuencia de las malas decisiones del hombre y su pecado. Este es el típico caso de mezclar la mentira con la verdad, pues, si bien es cierto que el pecado del hombre es la causa primera de todos sus males, no lo es que Dios esté desentendido de este ni de ningún otro asunto que suceda en la tierra, lo cierto es que nada escapa a su control: El Dios de la Biblia es soberano y la iglesia no puede olvidarlo, ni dejar de predicarlo, bajo ninguna circunstancia.


“Yo soy el Señor y no hay ningún otro.
Yo formo la luz y creo las tinieblas,
traigo bienestar y creo calamidad;
Yo, el Señor, hago todas estas cosas.”

(Isaías 45:7)


En cuanto a la bondad de Dios, si creemos en su palabra, debemos también confiar en el Dios bueno del que habla, seguro hemos experimentado dicha bondad en nuestras vidas lo suficiente, así que, cuando nos sintamos tentados a dudar al respecto, apliquemos el consejo de Francis Chan en su libro Loco Amor y no supongamos que es la forma de razonar de Dios la que está mal y no la nuestra ¡Que el Covid no se lleve la bondad y la soberanía de Dios!


¿Provocó Dios esta pandemia?

Esta pregunta no es realizada a menudo de manera directa, pero parece flotar en el aire, es más, muchos cristianos se han esforzado en responder, aún sin alguien que pregunte y, en su afán de “defender” a Dios, probablemente han distorsionado su imagen. Aunque es entendible que como hijos de Dios no asociemos su nombre con una tragedia global, el descartar completamente esta posibilidad sólo demuestra una manera infantil de relacionarnos con Él y un profundo desconocimiento de las escrituras.

Aunque no podemos estar seguros de que esta sea una de esas ocasiones, lo cierto es que no sólo una, sino muchas veces Dios ha recurrido a enfermedades para mostrar su enojo por el pecado de la humanidad y manifestar su ira, pero sobre todo, para llamar la atención de su pueblo y de los no creyentes.

El dolor, como señala C.S Lewis, siempre ha sido el megáfono de Dios para un mundo sordo (Ver: Éxodo 9:14, Levíticos 26:14-16, Deuteronomio 28: 21-22, 2 Crónicas 7: 13, Hebreos 12: 10), pero esto no debe confundirnos sobre el carácter de Dios ¡Él es bueno! Disciplinar a sus hijos llamando su atención hacia Él mismo no lo hace malo, o ¿Diríamos que la madre que reprende y castiga a su hijo para llamar su atención e invitarlo a un cambio de conducta es una mala madre? Sin embargo, he visto preocupada, cómo ante la idea de que Dios mismo haya, no sólo permitido, sino provocado este suceso, muchos cristianos se sienten ofendidos y se apresuran a defender a un Dios al que el Covid-19 le quitó sus atributos de justicia y el derecho de someter a disciplina sus criaturas e hijos. 


Recuerda… Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8) por ello podemos confiar en Él, su carácter y atributos no cambian, Él ha sido bueno antes de esta pandemia, es bueno ahora y seguirá siéndolo cuando todo termine. Esto es cierto independientemente de la postura que adoptemos al respecto. 

Sin embargo, no es sabio ignorar lo que nos enseñan las escrituras sobre nuestros tiempos, vivamos valientemente mientras seguimos la recomendación del apóstol Pedro: “…«No teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar». Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia…” (1 Pedro 3: 14-15) Mientras disfrutamos de este regalo maravilloso que nos ha sido dado, sepamos dar respuesta de nuestra esperanza, con gentileza, respeto y limpia conciencia y sobre todo atendamos el consejo del Señor:


“Venid, ved las obras de Jehová,
Que ha puesto asolamientos en la tierra.
Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.
Que quiebra el arco, corta la lanza,
Y quema los carros en el fuego.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…

(Salmos 46:8-10)

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